Un poquito personal...
Hace poco recomencé clases en la universidad en lo que será mi último año de estudios antes de graduarme y tener que entrar “al mundo real”, al momento en que no pueda atrasar más el decidir que soy primero: bailarina o periodista/académica. Pero gracias a dios no llegué allí con esos rollos, sino más bien con la culequería de volver a ver toda esa gente que conforman mi mundo universitario, así que como todo un social butterfly me fui deslizando entre los pasillos saludando a fulanita por acá, preguntándole a perenzejita que tal le fue su viaje por Europa y por supuesto, pegándole un grito al pana que cruzaba por el otro lado de la calle.
Y en ese devenir me encontré con Gabriela. Gabriela quién diatres se estarán preguntando, y con justa razón pues todavía no tiene mucha fama, pero denle un break que por ahí va. El punto es que esta mujer trabajó conmigo en unas presentaciones el semestre pasado y de ser una extraña total en cuestión de dos meses se volvió uno de los seres a quien más cariño le tengo. Aunque tiendo a ser medio reservada cuando primero conozco a alguien, no me quedó más remedio que interactuar con Gabriela porque no sólo salíamos en la obra de danza teatro juntas sino que hacíamos una improvisación juntas. Y fue principalmente a partir de ese relacionarse en movimiento que la conocí: de aprender a reaccionar ante lo que ella me proponía con su cuerpo y a su vez proponerle yo algo más, cada vez llevamos la creación a un punto más loco, más exigente, hasta quedar completamente sincronizadas en intención. Es una experiencia casi surreal llegar a ese punto de conexión con alguien en el que puedes decir sin hipérboles: “mano, me leíste la mente”. Porque te montas a escena como dos, y allí arriba, frente a todos te fundes para ser otra cosa, un dos que es uno, y que encima habla, dice algo, en nuestro caso, principalmente incoherencias que hacían reír.
Por lo que me alegró en cantidad verla de nuevo y saber que ya mismo volveríamos a los ensayos para volver a presentar el trabajo, pero chaz! Resulta que Gabriela se rompió un menisco y se tiene que operar la rodilla, en este momento ni se sabe cuando pueda volver a bailar… la noticia me dejó devastada. Primero, que es una pesadilla total para un bailarín, estar inmovilizado por tanto tiempo, y para colmo en la rodilla que es de los lugares mas sensibles a recaídas por su uso constante. Segundo, porque puede parecer una loquera, pero fue como si me hubieran cortado algo, no puedo concebir la idea de tener que hacer esas escenas improvisadas con otra persona, porque la improvisación es algo espontáneo, pero no realmente algo que surja en el momento o que se dé de la nada, se necesita un punto de partida una conexión con el tema o motivo de la improvisación y si es en conjunto, pues encima, esa concepción tiene que coincidir con la del otro. Sé que puedo ajustarme a improvisar la misma pieza con otra persona, pero nunca va a ser igual y en cierta forma no puedo evitar sentirlo como una despedida violenta, como un rompimiento amoroso de esos en que sí sabes que otros vendrán, pero nunca va a ser igual.



Norenid dijo
Diana, entiendo como te sientes. Es que en la improvisacion, como en las relaciones personales, hay que tener quimica. Eso es fundamental. Para hacer arte con sentido, cuando se trata de colaboracion, la quimica es imprescindible. Porque como dices: en tarima son dos que son uno. Eso es una manera de hacer el amor, miralo como metafora vale!. Entonces para sentir placer de verdad, hay que estar en sintonia.
Cogelo con calma y mira esto como otra oportunidad de expandir tu registro(eso se usa en la voz, no se como en baile; tu me diras); esto te da oportunidad de ser flexible y adaptarte a escenarios y circunstancias distintas. Los imprevistos ocurren.
Es una pena que ella este asi, es muy talentosa, pero eso mejora. Animo contra!
31 Agosto 2007 | 04:33 PM