Marceau y la rubia epifanía
Shock Total. O para ponerlo en buen castellano: atónita y requeteperpleja quedé cuando vi que Marcel Marceau había muerto. Por alguna razón lo veía como una de esas personas que nunca se iba a morir. Perdónenme la referencia clichosa pero al ser de esas "leyendas" de la que se dice "que su arte vivirá por siempre" como que me lo tomé literalmente y aquí estoy sorprendida hasta el tuétano de que el viejito que andaba por el mundo interpretando a Bip ya no sea más. Es que gente así no estiran la pata sin más ni más… pero sí, se murió, y de repente, me siento particularmente culpable de no haber hecho un mayor esfuerzo por ir a verlo cuando vino a Puerto Rico.

Y no sólo eso, es que el plano cultural se ha sacudido mucho en las últimas semanas: no hace mucho se murió Pavarotti, y Britney Spears se aseguró de que nunca más volvería a pisar un escenario a no ser por un show de esos de VH1 en que estrellas de tercera del pasado buscan a su pareja. Uff, ya me la imagino remeniándose con Vanilla Ice en busca de glorias perdidas.


Pseudos glorias más bien, porque contrario a Marceau, no creo que nadie nunca esperara trascendentalidad de la Spears: que revolucionara la escena artística o redefiniera el lenguaje corporal y su capacidad expresiva. Pero antes de que se me ofendan por hereje cultural al estar mezclando a estos dos en un mismo blog (y pa colmo con Pavorotti de cameo appereance!!), que conste que ni tan lejos están porque ese ícono de Spears y de MTV: Michael Jackson, se hizo famoso por un cierto caminar, un cierto deslizar de pies que apuesto todos hemos tratado en la oscuridad de nuestro cuarto: el moonwalk, que viene nada más y nada menos que de Marceau y su caminata en contra del viento.

Curioso como Marceau luchaba contra el viento, contra una fuerza invencible pero aquí en la tierra; mientras que Jackson, Spears y en MTV se fueron a la luna en búsqueda de trofeos plateados y crateres coloreados de popcorn y aún así se les escapa, se les escapa todo: la generación que tratan de rescatar desesperadamente a través de presentaciones cada vez más ridículas y el mismo sentido de pararse en un escenario y hacer algo digno de ver, algo humano. Es más, me voy a tirar la maroma de retar todas esas teorías sobre el desastre de Britney: no fue que escuchó a Sarah Silverman hablando mal de sus hijos, o que se le rompió una bota, o que se le iba a caer la peluca; allí en tarima Britney tuvo un presagio, es más, una epifanía, lo sé: se acordó de Michael y ese breve momento en que distinciones como "cultura alta" y "cultura popular" no existía, en que Marceau se paraba con Michael en un escenario y no eran mero M & M sino dos íconos culturales que revolucionaron el canon sobre lo que se puede expresar con el cuerpo, y se estremeció ante lo que veía, ante la responsabilidad de saber que sus estimados hijitos, no sólo no tendrán padre ni madre de verdad, sino que tampoco sabrían distinguir algo decente moviéndose sobre una tarima.
